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JOSÉ LUIS BUSTAMANTE Y EL ESPÍRITU DE LA ABSTRACCIÓN

por Bélgica Rodríguez

Muchos períodos históricos han planteado la necesidad de desarrollar perspectivas radicales en el arte. Surgen entonces las vanguardias originando momentos de ruptura con el pasado reciente, al tiempo que se alimentan de aquellas propuestas liberadoras de códigos que han contribuido a forjar la historia universal del arte. Sin considerar una línea de continuidad genética, cada momento abre caminos a planteamientos artísticos inéditos, visuales y conceptuales, como experimentos estéticos. Con actitudes que trascienden la cotidianidad del lenguaje plástico, el artista creador se eleva sobre su tiempo para expresar una “verdad eterna”. Así, desarrolla productividades coherentes en las que gran variedad de elementos pasan a ser parte de un equipaje formal que coadyuva en la resolución de los muchos problemas que encuentra en el camino seleccionado. Las llamadas vanguardias históricas, desarrolladoras de estéticas propias, permanecen activas para el artista joven que hurga, con mirada crítica y otras intenciones, aquellas propiedades plásticas útiles en el desarrollo de un lenguaje personal. En una escala de significación simbólica recreada visualmente a través de la pintura de acción, para crear su propia verdad, José Luis Bustamante se ha apropiado de la técnica de algunas de estas vanguardias artísticas: el expresionismo abstracto y el informalismo y de simbologías de manifestaciones espirituales y cósmicas de culturas antiguas. Pintura, imbuida de torrentes cromáticos, de significaciones sensuales, resulta en poéticas recreaciones de abstractos paisajes alucinantes de Homérica belleza.
Igual al recuento secreto de lo vivido, la memoria escucha y habla mientras viaja por senderos que giran sin tiempo ni espacio. Senderos que vibran al abrirse muchas puertas, que marcan pasos delgados parecidos a hilos invisibles. Una memorable energía dirige la existencia y la fuerza del artista Bustamante: es la energía de la pintura. El trazo, la mancha, el color, la textura, sobre la superficie blanca y tersa de la tela, proponen siempre una nueva realidad plástica. En perpetuo movimiento, la tensión de unas formas sin contornos, puras y sublimes en su cromatismo, gracias a una danza ritual de profundos brillos metálicos, parecen conectarse sobre el espacio plástico por medio de ceremonias ancestrales, creando un vasto paisaje expresionista que se nutre de lo abstracto y lo figurativo. Qué encierra una obra como esta,expresión de grandes trazos, planos e infinitos goteos cromáticos?: el descubrimiento estremecedor de que la pintura es poesía visual, es dominio absoluto del Eros y el Tanatos, es musicalidad eterna y poética de vida cercana a la exuberancia de color de artistas que interesan a Bustamante, como el colombiano Alejandro Obregón, el mexicano Rufino Tamayo y el peruano Fernando De Szyzslo, sin que ello implique referencias directas de influencias, parafraseos o apropiaciones. Pero sí las tiene con las cosmogonías del universo prehispánico y con el colorido de su cerámica y artesanías, en especial la mexicana, la suya. Su pintura es universal en cuanto a categorías estéticas occidentales, sin embargo en cuanto a espíritu y emociones, está más directamente relacionada con la magia de la cultura latinoamericana.
La pintura de José Luis Bustamante, expresa significados estéticos que proyectan variaciones de forma y color en sus relaciones complejas entre humanismo, arte, naturaleza y evaluación creativa del hombre contemporáneo. Son Pinturas del Silencio, cuya atmósfera es sentida y presentida por el espectador que en ellas se sumerge, es la misma profunda sensación del hombre ante la magnificencia de sus construcciones arquitectónicas habitadas por Dioses de misteriosas cosmogonías dominadas por el Sol y la Luna. Seductoras por esencia, dramáticas por presencia, son obras que evidencian una suerte de presentaciones psicogeográficas de ciudades envueltas en neblinas cromáticas que ocultan misterios y develan realidades. Evocaciones de universos planetarios, evidencias de cosmogonía de tierras ancestrales como su México nativo y de aquella cultura colonial que también formó al hombre de este Nuevo Mundo. Hombre del siglo XXI, el artista Bustamante evade el ornamento para sustraer lo esencial de lo que sabe hacer: pintar.
El artista trabaja su obra en Series representativas de espacios nebulosos roturados por aberturas repletas de color. En horizontes quebrados por la bruma, establece el peligroso juego entre erosiones cromáticas y fuerzas de naturaleza plástica. Atmósferas metafísicas se insinúan en todo el esplendor de una superficie metafóricamente expuesta al viento, a la lluvia, al movimiento de hojas de árboles, de nubes de suaves deslizamientos. Es el discurso poético del instante de la creación, aquel cuando el artista toma sus decisiones trascendentales para definir los puntos de tensión donde el color, el trazo o pincelada se confunden para armar un entramado compositivo complejo de elementos, paradójicamente distintos y semejantes, que dan a la totalidad de la tela un sentido armonioso de luces y sombras altamente expresionistas. Aquí coexiste la belleza plena con metáforas de ausencias y presencias; se trata del paraíso y del infierno del artista, de sus fantasmas, de su imaginación, fantasías y pesadillas, en coincidencias de formas opuestas y separaciones de los iguales como en las Series Rito Ancestral, Ceremonia del Fuego y Piedra del Sol.

LA EXPRESIÓN ABSTRACTA Y LÍRICA
Los fundamentos plásticos de José Luis Bustamante se sitúan en diferentes dimensiones. El estudio de las vanguardias históricas y la consecuente reflexión sobre sus postulados plásticos, especialmente aquellos de la Escuela de Nueva York que surge con insistencia a mediados de la década de los cuarenta y se consolida en los posteriores años cincuenta, escuela que definitivamente abre caminos a desarrollos ulteriores del arte contemporáneo. Muchos fueron los artistas que tomaron de estas fuentes sus orígenes creadores, pero es necesario precisar que en Bustamante no constituyó una condición heteronímica, puesto que desde su período formativo, si bien miró en algunos artistas norteamericanos gestualistas o abstractoexpresionistas, rápidamente dio rienda suelta a una libertad creadora que le permitió desarrollar un lenguaje orgánico abstracto inédito, permitiéndose a los veinte años realizar su primera exposición personal en Ciudad de México, exponiendo obras estructuradas plásticamente alrededor de este lenguaje. Hoy se le considera un artista de expresión consolidada en su estilo plástico. Bustamante reconoce que desde que se supo artista, le interesó el expresionismo abstracto norteamericano de los años cincuenta, en la obra de Robert Motherwell y Jackson Pollock. Por otro lado fue el informalismo catalán de donde tomó otros elementos, y en algunos momentos ha mencionado al artista chino Zao Wuo Ki. Pero el suyo ha sido un desarrollo de la abstracción a partir de muchos orígenes llevado por una constante investigación y reflexión desde la intuición y las enseñanzas del arte universal. Cuando le fue concedida la Beca de la Fundación Pollock-Krasner, Nueva York 2007, su pintura siguió el curso que ya lo había caracterizado como digno representante de la pintura gestual con treinta y dos años de trayectoria celebrados con la exposición itinerante Voces del tiempo, realizada en museos y centros culturales de México. La beca le aportó, según sus propias palabras “mayor liber
tad y seguridad” en el desarrollo de una obra en Series formada en torno a conceptos sobre los que reflexiona pictórica y conceptualmente; característica intrínseca de todos los períodos seriales de su trabajo en cuanto a calidad, profundidad y simbología. La expresión plástica en Bustamante es plena y completa. En la inmediatez de la mirada, se percibe una pintura de compleja profundidad plasticidad estética A través de su obra se siente unido al espíritu, a lo intelectual y a la soledad que rompe el silencio.


VISIÓN POÉTICA. VISIÓN ÓPTICA
José Luis Bustamante es parte de la cadena que enrosca varias direcciones artísticas y culturales. Se ha mencionado sus ancestros mexicanos, el informalismo y el expresionismo abstracto, así como también la destreza que en la teoría y praxis del arte adquiere durante su permanencia en la Academia Nacional de Artes Plásticas San Carlos de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM (1970-1974), el conocimiento que le suministran la literatura, un afanoso estudio de la historia del arte universal, los viajes, y todo aquello que le ofrecerá otra cultura permeada por el espíritu del período colonial, la dominicana. Vive en Santo Domingo, República Dominicana, 1982 a 1990, y desde allí despliega una intensa actividad expositiva comenzada en su nativo México en 1975 al presentar, un año después de finalizar sus estudios en la Academia San Carlos, su primera exposición individual. El vivir en República Dominicana le ofreció una nueva manera de observar, de sentir y apreciar el entorno, fue percibir, declara, que “existía luz, un brillo particular, una atmósfera que entró en mi espíritu para nunca abandonarlo. Creo, además, que me encontré con algo nativo, genuino y original, que me invitaba a deshacerme de ideas preconcebidas, propiciando el encuentro conmigo mismo y con el camino para identificar la fuente de la libertad”.
Entre las vivencias mexicanas y dominicanas se encuentra el centro figurativo que asoma con insistencia en la obra de este artista planetario, pero también está el espíritu de un universo abstracto dominado por fuerzas invisibles. Reconoce las huellas de culturas ancestrales, sus escritos míticos y las referencias simbólicas y sagradas de la cultura de la América Latina. En cada una de sus Series aparecen estas referencias y la figuración asoma casi imperceptible a través de secuencias espaciales. En estas pinturas, exalta el virtualismo óptico de la materia cromática y la textura del trazo conceptualizado en expresión gestual, a veces un tanto geométrico; mientrasque la imperceptibilidad figurativa sustenta la profunda expresividad poética de su inconsciente. Aquí están sus fantasmas glorificados por la religiosidad de cosmogonías que han poblado su fecunda imaginación. Memorias intangibles e imágenes tangibles son traducidas en planteamientos espaciales de luz, color y forma, centro de la configuración compositiva abstracto-figurativa que maneja con maestría.


POESÍA ANCESTRAL. ESPACIO SECRETO
Bustamante se mueve en territorios artísticos que entrañan su temática en los títulos de las diferentes Series y obras desarrolladas a lo largo de sus años de trabajo. Se precisa visitarlas y comprender el origen de aquellos títulos para entrar en la plenitud de significados encerrados en los intereses del artista por las culturas prehispánicas. Al citar algunos títulos enunciativos de significados: Ritos Ancestrales, El Espíritu de la Materia, Ceremonia del Fuego, Signo y Espíritu, Voces del tiempo, Muro Prehispánico, Templo del Sol, Territorios Arqueológicos, Bajo la piel de los Muros, Códices, Recintos, Rituales del Fuego y Espacios Secretos, sin ambigüedades el artista muestra y demuestra una visión plástica y estética que transforma el objeto, o podría ser el tema, en materia plástica válida de acuerdo a la fuerza del color, los planos espaciales y ciertas texturas matéricas. La fuerza cromática está centrada en la riqueza de matices y valores de un universo pictórico donde no hay cabida para lo banal, pero si para la metamorfosis que se produce sobre la tela cuando la luz, proveniente de diferentes direcciones, incide sobre la superficie o se proyecta desde la interioridad del soporte.
En ciertos instantes del desarrollo de la obra frente al espectador, se imponen formas en movimiento que evocan construcciones en ruinas, altares, pirámides, cruces, bóvedas o muros, todo suspendido en el espacio y mezclado con diluvios de posibles estrellas fugaces y húmedas gotas de lluvia. En todo caso, lo inexistente está en lo real de la pintura, naturalizado por el artista quien, a fuerza de crear simbologías infinitas, mantiene los sentidos despiertos y la navegación del espíritu en perpetuo girar. Elegantes asimetrías pueblan el espacio plástico de Bustamante. Perspectivas inciertas y plurales se confrontan en la realidad del plano pictórico. Constelaciones gráficas de líneas aparentemente en desorden, ondulan sobre los planos de color para tratar de justificar su existencia cromática como realidades visuales plásticas. El vibrante ritmo de pinceladas gestuales, un chorreado o puntos de color, la interrelación de lo óptico y lo luminoso de la forma-no forma, sugieren imágenes de fuego, de incendios planetarios, de volcanes en plena erupción,
La búsqueda de la alegría de la vida en el arte, para Bustamante está reflejada en un amplio banco de imágenes abstractas esenciales sometidas a múltiples variables en su discurso visual, como también lo están en los cambios de sus énfasis direccionales. Es manifiesta la intención del artista por asumir una composición de vastas proporciones y de perspectivas múltiples. La investigación de la estructura abstracta y la gestualidad del trazo, le permite establecer analogías entre forma y fondo en registros de altas temperaturas expresivas de manifiesto simbolismo, así como en la fortaleza de los planos multiplurales de color en cuanto a la interacción de matices y valores. El artista, podría decirse, realiza una transfusión de las vanguardias históricas, de los estudios de color y de la investigación de la forma, sintetizándolas en una pintura cargada de significados ligados a las emociones y afectos del hombre contemporáneo. Esta situación le ha conducido a metamorfosear los contenidos simbólicos, sagrados y modernos, para, con ellos, proponer un paisaje metafísico evocativo de ficciones arquitecturales. Paisajes de la memoria, de la interioridad del Ser, que muestran puertas abiertas, oquedades, delgados senderos, horizontes infinitos, propios del quehacer poético- visual que interesa al hombre y al artista.

FORMA Y COLOR. EL AYER EL HOY
El discurso plástico de Bustamante ha sido un “continuum” en el tiempo y en el espacio. Su desarrollo se ha visto enfatizado por varias premisas formales y conceptuales que caracterizan una pintura que solo a él pertenece. Se explica así su actitud anti-moda y su separación de códigos artísticos convencionales. Desde sus inicios, con sus variantes, metamorfosis y cambios, ha sustentado las mismas características de un trabajo que se muestra coherente en sus propuestas. En la década de los noventa, realiza varias Series que caracterizarán su estilo ligado a la técnica de la action painting. Por ejemplo en la Serie Retablos, que comienza en estos años, aparece la composición en franjas horizontales, chorreados y masas de color contenidas en atmósferas religiosas igual que alusiones metafóricas a piedras de sacrificio; mientras que en Invocando al Fuego, grandes óleos muestran espacios luminosos abiertos, en algunos segmentos invadidos por dripping de color blanco u otros pigmentos.


Desde estos años noventa pueden verificarse varias constantes en el trabajo de este artista: una composición basada en divisiones de la superficie de la tela en planos, bien horizontales o verticales, pero siguiendo el mismo ordenamiento plástico expresionista. En estos planos, o franjas, se ubican las masas cromáticas en zonas abiertas o vacías contrapuestas a zonas cerradas o llenas. Otra es la sabia utilización de la hojilla de oro o plata, como recurso plástico para iluminar las zonas que la misma estructura compositiva y el tema abstracto elegido exigen. La rica policromía es otra de sus características, los matices y valores subrayan lo óptico y expresan el contenido del tema. El manejar diestramente la organización espacial de los elementos formales, significa utilizarlos como definidores de las propuestas conceptuales que animan la obra en cuanto a una temática sustentada por valores axiomáticos a la condición humana: el dolor, los sentimientos, la soledad, las ausencias, alegrías, el amor.
La primera década del siglo XXI, años 2000, el trabajo plástico de Bustamante acusa cambios al radicalizar la pulverización de las manchas del color que libera aún más de la forma cerrada, los chorreados adquieren mayor laxitud pero también mayor fuerza, pareciera ocurrir una síntesis previa a la que se apreciará en obras de los años 2009 y 2010. El barroquismo de los ochenta y los noventa da paso a una mayor síntesis de las formas. Se aprecia aún más la coordenada compositiva de una extraña paisajística metafísica. La Serie Duerme la Sombra, emblemática de esta década, muestra una luminosidad estridente y manchas de oscuro misterio semejantes a oquedades que conducen a dimensiones ocultas de la pintura. Retoma la Serie Retablos de los noventa, cuyo dramatismo ya no está dado por la exuberancia de formas y colores, sino por un lenguaje de alfabetos destinados a construir escrituras insondables que, espiritualmente conmovedoras, se entrelazan y cruzan para enviar al espectador un misterioso mensaje. El artista continúa buscando sus símbolos, descifrando sus enigmas y construyendo realidades metafísicas.
Bustamante, prestidigitador y demiurgo de su obra, domina sus recursos y seguro de lo que desea decir y hace, marca una iconografía variada, en algunas piezas se acerca al expresionismo cromático de un Mark Rothko, en otras se muestra más cercano a sus ancestros Mayas y Aztecas, siendo siempre él mismo. También pareciera acudir a su propia interioridad y sus secretos al descifrar una especie de diario íntimo que desea compartir con el espectador. Explora nuevos materiales como soporte y como recursos expresivos de la pintura, la madera labrada, el corcho y otros de origen industrial calificados como readymade. Rinde homenaje al círculo, al sol, una nueva extraña pluralidad cromática se presenta extraordinaria en texturas visuales exquisitas, representando contenidos casi religiosos en devociones y soledades evocativas. En cada Serie de esta década dos mil, ejercita y aplica diferente posibilidades expresivas, algunas de composición
totémica, difuminaciones del color aplicado sobre masas concisas centradas en algún lugar de la superficie que acentúan la nebulosidad de la capa pictórica, intensos rojos actúan como fuegos que aparecen detrás de nubes oscuras iluminando dramáticamente toda la pintura.
La Serie Signo y Espíritu marca el año 2010, se trata de óleos donde las zonas luminosas se separan de los planos de tierra en contrastes de masas oscuras iluminadas por intensos rojos y amarillos que crean extraordinarias ilusiones ópticas en movimiento. La situación compositiva se centra en ejes verticales e intensas policromías, azules, amarillos, rojos, verdes, negros, blancos, irradian energía lumínica sobre toda la superficie de la pintura. Una característica de la producción de este año, es un mayor acercamiento al espíritu de la cultura mesoamericana, evidenciado aún más no solo por las atmósferas, sino también por los títulos de cada obra. Pinturas representativas de territorios sagrados del color, intensos y misteriosos, de la geometría dual del cosmos que animó la vida del hombre prehispánico, sus miedos y emociones, el día y la noche, el tiempo cíclico y el tiempo lineal. El ritual y la mesa de ceremonia se presentan bajo el manto de lo sagrado en todo el esplendor de su simbología.


LA MANO EN EL BOSQUE
De una pintura a otra, el artista habla del transcurrir del tiempo. Poesía visual que pertenece al reino de la eternidad donde secretean símbolos, espíritu y arte. Camino profundo del arte que José Luis Bustamante ha recorrido a lo largo de muchos años de trabajo, del ir y venir como espacio vital de pertenencia. Trayectoria de una vida dedicada a un quehacer creador, tiempo regulador de cada período, de cada momento bajo la piel de los muros en tierra antigua del templo del sol. En cada Serie él vuelve a empezar, recorre el color, recorre la forma, recorre todo lo aprendido y aprehendido, para expresarse en categorías estéticas que solo pertenecen al arte universal.

Bélgica Rodríguez Caracas, Venezuela. Mayo 2011

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